El potencial impacto de las protestas en Egipto es mucho mayor que el del cercano Túnez, un país secular del norte de África que a menudo ha sido considerado como periférico por el grupo de naciones árabes. "Mubarak no tiene ambiciones panárabes, pero lo que ocurra en Egipto definitivamente va a afectar al mundo árabe", dijo Jihad al-Khazen, columnista de al-Hayat, un diario árabe basado en Londres. Los líderes autocráticos en Argelia, Jordania, Libia, Kuwait, Marruecos, Siria y Yemen han buscado contener un efecto contagio, ofreciendo concesiones económicas en materia de trabajo, vivienda y precios.
Mientras tanto, Estados Unidos está atrapado entre su lealtad a un aliado clave en Oriente Medio, el temor de que los islamistas tomen el poder y el deseo de terminar del lado correcto de la historia.
Esto lo ha distanciado de Mubarak, por lo cual ahora reclama "una transición ordenada". El resultado de la lucha entre Mubarak y su pueblo aún no está definido. Pero si finalmente es derrocado, cualquier nuevo Gobierno que asuma será más hostil hacia Estados Unidos e Israel, opinó Khazen. "La única alternativa a Mubarak si hay elecciones democráticas será la Hermandad Musulmana, que eliminará definitivamente el tratado de paz con Israel", enfatizó.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, dijo el domingo que su país debe ejercitar "responsabilidad y moderación", expresando su esperanza de conservar los lazos de estabilidad y la paz con El Cairo.
Pero algunos analistas israelíes temen que el Gobierno de Barack Obama esté adoptando una política que termine desplazando a Mubarak. "La situación no podría ser más peligrosa y podría ser el peor desastre para la región y los intereses occidentales desde la Revolución Iraní hace tres décadas", escribió Barry Rubin, director del Centro de Investigación Mundial de Asuntos Internacionales, en Herzliya.
Por eso instó a Washington a centrarse en la supervivencia de un sistema de Gobierno pro occidental en Egipto, con o sin Mubarak.